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Su baño era muy apetecido, no obstante correrse el peligro de que al ir sola una persona no regresaba, porque una mujer de aspecto repulsivo aparecÃa y cautivándola con miles artificios se la llevaba al fondo de la poza, de donde no volvÃa a salir.
Cuando alguna persona se atrevÃa a ir al baño sólo con un niño, la bruja se daba maña, para que con buenas maneras llegase el niño a sus brazos, y entonces se zambullÃa con la infeliz criatura la cual no volvÃa a aparecer; pero si la bruja cuando necesitaba nuevas presas.
Yendo dos adultos o más se nulificaba el peligro. Muy inmediato a la poza existÃa un camino real que conducÃa a la aldea de El Apintal; pues bien: por la tarde, después de del Angelus, nadie pasaba por ese camino si no iba acompañado. La leyenda agregaba que solamente eran victimas de la bruja los niños cuyos padres se descuidaban en hacerles la señal de la cruz, esto es persignarlos.
Ante tal premisa cabe preguntar: ¿Cuántas brujas estarán esparcidas en los actuales tiempos, desde los palacios de los poderosos hasta las desmanteladas chozas de ciertas gentes que gracias se preocupan por suministrar a sus hijos el pan material, y de ninguna manera el intelectual y mucho menos el espiritual? Parece que hoy ya no es necesario ir a la Poza Bruja –ya no se cuentan los episodios de ella sino que las brujas modernas convicen amigablemente en muchos hogares
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