El Cerro del Sargento Se refería en tiempos pretéritos que de un ejercito que pernoctó en el caserío de la Ermita, aldea de San Juan, se desertó un Sargento, el cual se internó en el entonces Cerro Grande, situado entre las aldeas de San Juan y El Apintal, por lo que fue imposible encontrarlo, máxime que el cerro era una especie de montaña inexplotable.
Al terminar la guerra que motivaba la movilización de aquel ejercito, con alguna frecuencia oían los vecinos de las planadas inmediatas, es decir del pie de dicho cerro, toques semejantes al de la corneta, recorriendo la cima del cerro, y que dichos toques los producían en tubos de apinte, arbusto hueco que abunda en El Apintal.
Nadie veía al misterioso militar, pero oían los toques y sabían que clase de instrumento usaba. Mucho tiempo inexplorado el cerro pero por una de las faldas transitaba la gente de día, no atreviéndose a hacerlo de noche, pues corría pavorosamente de boca en boca, la leyenda del desertor que legara al Cerro Grande el sobrenombre de El Sargento.